En la tercera edad, muchos de los problemas de salud que no se trataron en su momento, afloran y convierten cualquier hábito cotidiano en un tormento. El dolor de espalda es uno de esos elementos asociados a la higiene postural en los que las consecuencias, que a veces tardan en aparecer, nunca perdonan.

Se estima que el 90% de los mayores de 65 años padece dolor de espalda, una circunstancia habitualmente debida al mal funcionamiento de la musculatura, causado por la carencia de actividad física y el sedentarismo tan característico de esta edad.

¿Qué podemos entender por sedentarismo?

Cualquier persona que realice ejercicio físico menos de 3 veces por semana y en periodos inferiores a 30 minutos.
Incrementar la actividad física favorece la integración del esquema corporal, disminuye la depresión, el insomnio, la ansiedad y aumenta la calidad del sueño. A su vez, al incrementar la fuerza muscular, el equilibrio y la flexibilidad, veremos cómo los riesgos de caídas también se reducen.
Los estudios demuestran que la musculatura puede recuperarse y entrenarse a cualquier edad. A través de un programa de entrenamiento adecuado a la edad de los pacientes y su estado de salud general y con los ejercicios indicados para cada caso en particular, se persigue:

– Mejorar su movilidad articular
– Incrementar la fuerza muscular
– Potenciar el equilibrio, la coordinación y la correcta postura
– Aportar una buena elasticidad muscular, así como mejorar la tonificación

Nuestros huesos necesitan movimiento, pero no al azar. Por ello, es imprescindible contar con un buen equipo de expertos que guíen a sus pacientes. Es importante tener presente que el ejercicio se considera la modalidad de rehabilitación primaria en el caso de las personas mayores y, para ello, es adecuado diseñar un programa preventivo, correctivo o bien de mantenimiento, con el claro objetivo de proporcionar la mayor independencia funcional al paciente, así como una mejor calidad de vida.