Aunque la artritis y la artrosis son patologías reumáticas, es decir que afectan a las articulaciones, la manera en la que estas articulaciones se afectan es muy diferente.

La artrosis es también llamada osteoartritis. No es hereditaria, pero tiene un cierto grado de riesgo genético que unido a otro tipo de factores hace que una persona tenga más probabilidad de padecerla. Los factores de riesgo más determinantes son la edad avanzada y la obesidad, aunque hay otros factores de riesgo asociados a ella como la menopausia precoz, la diabetes, la hipertensión, la falta de ejercicio (aunque también el exceso de determinadas actividades físicas). También las alteraciones en la postura, ya sea por malos hábitos, por traumatismo o por forma articular anormal ya sea congénita o adquirida.

¿Qué ocurre en la artrosis?

En esta patología (artrosis), el cartílago que recubre las articulaciones se ve dañado lo que produce en el paciente dolor, rigidez e incapacidad funcional. El dolor que aparece es de tipo mecánico, que se agudiza con el movimiento y mejora con el reposo. La localización puede variar, pero las articulaciones más propensas son las de la columna tanto cervical como lumbar, caderas (coxartrosis), rodillas (gonartrosis), hombros, dedos de las manos (rizartrosis en el primer dedo)  y articulación del primer dedo del pie.

¿Cómo se trata?

A día de hoy, la artrosis no tiene una cura específica, pero si se pueden tratar sus síntomas y paliar sus consecuencias para mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Para su prevención y para frenar su evolución una vez ya ha aparecido, es muy importante intentar controlar los factores de riesgo que hemos mencionado anteriormente, destacando el control de la dieta para evitar la obesidad y la práctica de ejercicio de forma habitual. También es importante ir controlando los síntomas que van apareciendo, mediante medios antiinflamatorios y movilización de las articulaciones para evitar la rigidez, donde tiene un papel muy importante la fisioterapia.

¿Qué ocurre en la artritis?

En el caso de la artritis, la inflamación que se produce afecta a la membrana sinovial y no al cartílago. Puede deberse a varias causas entre las que destacamos infecciones que llegan a la articulación, fuertes traumatismos y enfermedades autoinmunes (cómo la artritis reumatoide o la artritis gotosa).

El líquido sinovial que se encuentra dentro de la cápsula articular, se esparce en vez de lubricarla haciendo que se erosione el cartílago y el hueso. Esto produce un dolor de tipo constante que no mejora con el reposo. La localización de la artritis depende del tipo, en la más común que es la reumatoide, suele localizarse en muñecas y dedos de las manos. En esta patología, nos encontramos las articulaciones enrojecidas y calientes e inflamadas llegando a deformarse con el paso del tiempo.

¿Cómo se trata la artritis?

El tratamiento se basa en bajar la inflamación mediante medios antiinflamatorios y el reposo. Para paliar los síntomas dependemos sobre todo del tipo de artritis al que nos enfrentemos. En caso de haberse producido por una infección, se deberán de usar los antibióticos adecuados para ella o en caso de que sea postraumática, habrá que centrarse en bajar la inflamación y restaurar la movilidad de esa articulación, donde juega un papel imprescindible la fisioterapia.

 

¿Qué podemos hacer para prevenir ambas dolencias?

Como herramientas preventivas tendremos que poner un especial interés en  la alimentación. Mediante una dieta mediterránea (frutas, verduras, aceite de oliva, legumbres, frutos secos) y evitando alimentos procesados con alto contenido de azúcar y grasa podremos prevenir el sobrepeso y la inflamación.

Para prevenir en la medida de lo posible la rigidez  y  alineación articular, será clave el trabajo corporal  y postural. Realizar un ejercicio físico que respete la alineación de nuestras articulaciones y que además dote a nuestros músculos de la fuerza y la elasticidad para darles estabilidad y movilidad.